La ansiedad con depresión es una de las combinaciones más frecuentes en salud mental. En un estudio holandés con más de 1.700 personas, dos de cada tres pacientes con un trastorno depresivo tenían además un trastorno de ansiedad activo. Cuando aparecen juntas, los síntomas son más intensos y duran más, por eso conviene evaluar y tratar las dos a la vez.
En consulta lo vemos casi todas las semanas. Alguien llega diciendo que tiene ansiedad, que no para de pensar y que se le acelera el corazón en la combi camino a la chamba. A la segunda o tercera pregunta aparece lo otro: hace meses que nada le da ganas, se encierra los fines de semana y siente que no avanza. También pasa al revés, y quien consulta por tristeza cuenta en la entrevista que vive en alerta desde que se levanta.
¿Por qué la ansiedad y la depresión aparecen juntas tan seguido?
El dato más citado viene del Netherlands Study of Depression and Anxiety (NESDA), publicado por Femke Lamers y su equipo en 2011. Entre las personas con un trastorno depresivo, el 67% tenía también un trastorno de ansiedad en ese momento y el 75% lo había tenido alguna vez en la vida. En la dirección contraria las cifras fueron parecidas, con un 63% de las personas con ansiedad que tenían además una depresión activa.
El mismo estudio encontró que, en los casos con ambos cuadros, la ansiedad había aparecido primero en el 57% de las personas y la depresión primero solo en el 18%. Tiene sentido, porque años de preocupación constante, de evitar situaciones y de dormir mal van agotando a cualquiera, hasta que el miedo da paso al desgano. Las personas con los dos cuadros tenían además más antecedentes de trauma en la infancia, un inicio más temprano del primer trastorno y síntomas más largos y más graves.
Hay también una explicación de fondo. En 1991, Lee Anna Clark y David Watson propusieron el llamado modelo tripartito: ansiedad y depresión comparten un componente de malestar general (tensión, irritabilidad, sensación de estar mal) y cada una suma algo propio. En la depresión eso propio es la anhedonia, la pérdida de la capacidad de disfrutar, mientras que la ansiedad aporta la activación física con el corazón acelerado, la respiración corta y la tensión muscular. Por eso tantas personas no saben decir cuál de las dos tienen, porque buena parte de lo que sienten pertenece a ambas.
Síntomas de depresión con ansiedad: cómo se ve en el día a día
No existe una lista oficial de síntomas de ansiedad con depresión, porque se trata de la suma de dos cuadros. Lo que sí hay es un patrón que se repite en consulta:
- Preocupación que no se apaga, sobre todo de noche, junto con la sensación de que nada tiene sentido o de que no vale la pena intentarlo.
- Cansancio que no mejora durmiendo, mezclado con inquietud física. La persona está agotada y a la vez no logra quedarse quieta.
- Problemas de sueño en los dos extremos: cuesta dormirse por los pensamientos y luego se despierta a las 4 o 5 de la mañana sin poder volver a dormir.
- Irritabilidad, que se nota al saltar por cosas pequeñas con la familia o en el trabajo y sentirse culpable después.
- Dificultad para concentrarse, porque la cabeza está ocupada anticipando problemas y además le falta energía.
- Evitación de reuniones, trámites o mensajes, al inicio por miedo y con el tiempo por desgano.
- Molestias corporales sin causa médica clara, como dolor de cabeza, tensión en el cuello o el estómago revuelto.
Un ejemplo frecuente: una mujer de 34 años que trabaja en San Isidro consulta porque le dan “ataques de ansiedad” antes de las reuniones. En la entrevista cuenta que dejó el gimnasio hace seis meses, que ya casi no ve a sus amigas y que los domingos se queda en cama hasta la tarde. La ansiedad era lo visible y debajo había un episodio depresivo que nadie había nombrado.
¿Es un diagnóstico aparte?
Depende de cuán intensa sea cada parte, y los manuales lo resuelven de tres formas.
Dos diagnósticos a la vez. Si la persona cumple los criterios completos de un trastorno depresivo y también los de un trastorno de ansiedad (por ejemplo, ansiedad generalizada o trastorno de pánico), se registran ambos. Es lo que en clínica llamamos comorbilidad.
Depresión con angustia ansiosa. El DSM-5-TR permite añadir a un diagnóstico depresivo la especificación “con angustia ansiosa” (anxious distress, en el original) cuando, durante la mayoría de los días del episodio, aparecen al menos dos de estos síntomas: sentirse tenso o al límite, una inquietud fuera de lo habitual, dificultad para concentrarse por las preocupaciones, temor a que algo terrible vaya a pasar y sensación de que se podría perder el control. No exige que haya un trastorno de ansiedad completo y sirve para marcar que el cuadro necesita más atención.
Trastorno mixto de ansiedad y depresión. La CIE-11 de la Organización Mundial de la Salud lo incluye con el código 6A73. Se usa cuando hay síntomas de ambos tipos la mayoría de los días durante dos semanas o más, pero ninguno de los dos grupos, por separado, alcanza para diagnosticar un trastorno depresivo o uno de ansiedad. El DSM-5-TR no lo tiene como diagnóstico oficial.
Por qué conviene detectar las dos
Cuando la depresión viene acompañada de ansiedad, los estudios encuentran síntomas más graves, episodios más largos, más dificultad para trabajar o estudiar y más pensamientos de muerte que cuando la depresión aparece sola. Los autores del estudio NESDA concluyeron que ambos cuadros deberían evaluarse de rutina, sin importar el motivo por el que la persona consulta.
En la práctica, si alguien trata solo la ansiedad con técnicas de relajación y nadie mira el ánimo, puede bajar un poco la tensión y seguir sin salir de casa. Y si se trabaja solo la depresión, la evitación por miedo frena el avance, porque cada actividad que se programa choca con la ansiedad que despierta.
Como primera referencia puedes hacer nuestro test de ansiedad GAD-7 y, para el ánimo, el inventario de depresión de Beck. Ninguno diagnostica, pero te dan un punto de partida para conversar con un profesional.
Cómo se trata la ansiedad con depresión
La terapia cognitivo conductual tiene evidencia para los dos cuadros y se puede organizar para trabajarlos al mismo tiempo. En consulta lo habitual es combinar varias líneas:
- Activación conductual. Recuperar de a pocos actividades que daban satisfacción o sentido, con metas chicas y concretas, como caminar quince minutos después del almuerzo o llamar a una amiga el jueves. Apunta a la inercia de la depresión.
- Exposición gradual. Volver a las situaciones que se evitan por miedo, empezando por las más manejables. Es el componente con más respaldo para la ansiedad.
- Trabajo con los pensamientos. Identificar la preocupación que anticipa desastres y la autocrítica que acompaña al ánimo bajo, y ponerlas a prueba con datos de la propia vida.
- Cuidado del cuerpo y del sueño. Horarios estables, menos cafeína y técnicas de respiración para los momentos de activación alta.
Muchos terapeutas usan además enfoques transdiagnósticos, centrados en procesos que ambos cuadros comparten, como la evitación y la rumiación.
Sobre la medicación, en el Perú los psicólogos no recetan. Si el cuadro es moderado o grave, o si la terapia sola no está alcanzando, la evaluación la hace un psiquiatra y la decisión es médica. Lo explicamos con más detalle en psicólogo o psiquiatra: a quién acudir.
Qué puedes hacer tú y cuándo pedir ayuda
Mientras decides consultar, hay pasos que ayudan:
- Anota durante una semana a qué hora aparece la ansiedad y en qué momentos el ánimo cae más. Ese registro le ahorra tiempo a cualquier profesional.
- Mantén una actividad mínima diaria aunque no tengas ganas. Esperar a tener ganas para moverte es una de las trampas de la depresión.
- Baja el consumo de alcohol, que calma por unas horas y empeora el sueño y el ánimo de los días siguientes.
- Cuéntale a una persona de confianza cómo estás de verdad.
Pide ayuda profesional si los síntomas llevan más de dos semanas, si estás faltando al trabajo o a clases, si dejaste de ver a la gente o si tu familia te dice que no te reconoce. Busca ayuda de inmediato si aparecen pensamientos de muerte o de hacerte daño: la Línea 113, opción 5 del MINSA es gratuita y atiende las 24 horas.
Preguntas frecuentes
¿Se puede tener ansiedad y depresión al mismo tiempo?
Sí, y es muy común. En el estudio holandés NESDA, dos de cada tres personas con un trastorno depresivo tenían también un trastorno de ansiedad activo, con síntomas más intensos y duraderos.
¿Qué aparece primero, la ansiedad o la depresión?
Con más frecuencia aparece primero la ansiedad. En las personas con ambos cuadros del estudio NESDA, la ansiedad fue anterior en el 57% de los casos y la depresión en el 18%.
¿Qué es el trastorno mixto ansioso depresivo?
Es un diagnóstico de la CIE-11 (código 6A73) para quienes tienen síntomas de ansiedad y de depresión la mayoría de los días durante al menos dos semanas, sin que ninguno de los dos grupos alcance por sí solo para otro diagnóstico. Aunque cada parte sea menos intensa, el cuadro afecta la vida diaria y merece atención.
¿La ansiedad con depresión tiene tratamiento?
Sí. La terapia cognitivo conductual trabaja ambos cuadros a la vez con activación conductual, exposición gradual y trabajo con los pensamientos. En casos moderados o graves puede sumarse medicación indicada por un psiquiatra, y el tiempo de mejoría varía según cada persona.
¿Cómo sé si lo mío es ansiedad, depresión o ambas?
Pregúntate si lo que domina es el miedo y la anticipación de problemas, o la pérdida de ganas y de disfrute. Si reconoces las dos cosas casi todos los días durante más de dos semanas, es probable que sean ambas. Un test de tamizaje orienta, pero la respuesta la da una evaluación con un psicólogo colegiado.
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Fuentes
- American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition, Text Revision (DSM-5-TR). Trastornos depresivos y especificación “con angustia ansiosa”.
- Organización Mundial de la Salud. (2022). Clasificación Internacional de Enfermedades, 11.ª revisión (CIE-11). Código 6A73, trastorno mixto de ansiedad y depresión.
- Lamers, F. y cols. (2011). “Comorbidity patterns of anxiety and depressive disorders in a large cohort study: the Netherlands Study of Depression and Anxiety (NESDA)”. Journal of Clinical Psychiatry, 72(3), 341-348.
- Clark, L. A. y Watson, D. (1991). “Tripartite model of anxiety and depression: Psychometric evidence and taxonomic implications”. Journal of Abnormal Psychology, 100(3), 316-336.
Aviso: este artículo es informativo y no reemplaza una evaluación profesional. Si te reconoces en estos síntomas, una valoración con un psicólogo colegiado ayuda a ver qué parte pesa más y por dónde empezar.
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