Las etapas del duelo más conocidas son cinco: negación, ira, negociación, depresión y aceptación, descritas por la psiquiatra Elisabeth Kübler-Ross en 1969. Hoy se entienden como emociones frecuentes después de una pérdida que pueden aparecer en cualquier orden, mezclarse o no aparecer, y la psicología actual las complementa con modelos con más respaldo, como las tareas de Worden y el proceso dual.
Muchas personas llegan a consulta semanas después de perder a alguien con una duda que les pesa casi tanto como la pérdida: “¿en qué etapa estoy?” o “¿por qué no me pasa lo que dicen que me tiene que pasar?”. Conocer de dónde salió el modelo, y qué tiene de útil y de limitado, ayuda a soltar esa presión.
De dónde salen las cinco etapas del duelo
Elisabeth Kübler-Ross, psiquiatra suiza que trabajaba en Estados Unidos, publicó en 1969 el libro On Death and Dying (traducido como Sobre la muerte y los moribundos). Ahí recogió lo que observó en entrevistas con más de 200 pacientes con enfermedades terminales. El libro trataba sobre cómo esas personas enfrentaban su propia muerte, un detalle que con los años se olvidó.
El modelo se extendió después al duelo por la muerte de un ser querido, y luego a casi cualquier pérdida: una ruptura, un despido, un diagnóstico. En 2005 la propia Kübler-Ross publicó con David Kessler On Grief and Grieving, donde aplicaron las etapas al duelo y aclararon que no eran una secuencia fija.
Las cinco fases del duelo, una por una
Negación. La mente amortigua el golpe. Aparece como incredulidad (“no puede ser”), como una sensación de irrealidad o en gestos automáticos: poner un plato de más en la mesa, marcar su número para contarle algo. Esta reacción le da tiempo al sistema para absorber una noticia que de golpe sería insoportable.
Ira. Rabia con los médicos, con la clínica, con Dios, con la persona que murió por haberse ido, con uno mismo. En las familias se nota en discusiones que estallan por detalles del velorio o por quién visitaba menos. La ira asusta a quien la siente, pero es una respuesta frecuente ante algo que se vive como injusto.
Negociación. Es la fase del “si hubiera”. Si lo hubiera llevado antes a emergencia, si hubiera insistido con el chequeo, si hubiera contestado esa llamada. Estos pensamientos buscan recuperar algo de control sobre lo que pasó y muchas veces vienen cargados de culpa.
Depresión. Kübler-Ross usó esta palabra para la tristeza honda que aparece cuando la realidad de la pérdida se asienta: vacío, llanto, cansancio, desinterés por lo que antes importaba. Es una tristeza esperable y se distingue de la depresión clínica, aunque a veces las dos coinciden. Si tienes dudas sobre la diferencia, revisa los síntomas de depresión.
Aceptación. Significa reconocer que la pérdida es real y encontrar una forma de seguir viviendo con ella. Olvidar a la persona o “estar bien” queda fuera de esta definición. Muchas personas aceptan y siguen extrañando con fuerza durante años.
Kessler propuso en 2019 una sexta etapa, la búsqueda de sentido, que tiene que ver con encontrar qué lugar ocupa esa persona y esa pérdida en tu historia.
¿El duelo sigue estas etapas en orden? Lo que dice la investigación
El primer intento serio de poner a prueba el modelo fue un estudio publicado en 2007 en la revista JAMA. El equipo de Paul Maciejewski y Holly Prigerson siguió a 233 personas en duelo en Connecticut, Estados Unidos, entre el primer mes y los dos años después de la muerte de un familiar por causas naturales.
Los resultados fueron mixtos. La aceptación fue la reacción más reportada desde el inicio, y lo que más predominó entre las emociones dolorosas fue la añoranza, ese anhelo intenso por la persona, por encima de la incredulidad, la ira o la tristeza. Cuando los investigadores miraron en qué momento cada reacción alcanzaba su punto más alto, sí encontraron un orden parecido al de Kübler-Ross: la incredulidad bajaba desde el primer mes, la añoranza llegaba a su pico alrededor del cuarto mes, la ira cerca del quinto y la tristeza depresiva cerca del sexto.
Las conclusiones prácticas son claras. Las emociones del duelo conviven desde el principio, suben y bajan en oleadas y no esperan su turno. Hay personas que nunca sienten ira y otras que vuelven a la negación en un aniversario dos años después.
Las críticas al modelo apuntan a tres problemas. Nació de pacientes que enfrentaban su propia muerte. Se convirtió en una receta que la gente usa para juzgar su duelo (“ya debería estar en aceptación”). Y deja fuera emociones centrales del duelo, como la añoranza, la culpa o el alivio que sienten muchos cuidadores después de una enfermedad larga.
Los modelos que usamos hoy en consulta
Las tareas del duelo de William Worden. En su libro Grief Counseling and Grief Therapy, cuya quinta edición salió en 2018, Worden describe cuatro tareas activas en lugar de etapas que se atraviesan: aceptar la realidad de la pérdida, procesar el dolor, adaptarse a un mundo sin la persona y encontrar una conexión duradera con ella mientras se sigue con la vida. La ventaja de pensar en tareas es que te devuelve algo de agencia. Aprender a manejar las cuentas que antes llevaba tu esposo es parte del duelo, igual que llorar.
El modelo de proceso dual de Stroebe y Schut. Publicado en 1999 en la revista Death Studies, describe dos orientaciones entre las que la persona oscila. La orientación a la pérdida incluye llorar, mirar fotos o visitar el cementerio. La orientación al restablecimiento incluye volver al trabajo, ocuparse de trámites, probar roles nuevos y también distraerse. El duelo sano va y viene entre las dos, y los autores hablan de “dosificar” el dolor. Si alguien en duelo se ríe en un almuerzo familiar, está haciendo exactamente eso.
Los vínculos continuos. Desde los años noventa, autores como Dennis Klass, Phyllis Silverman y Steven Nickman cuestionaron la idea de que hay que “desapegarse” del fallecido. Conservar una relación interna con la persona, hablarle, seguir sus tradiciones o preguntarse qué haría en tu lugar es compatible con un duelo saludable.
Cuándo el duelo se complica: el duelo prolongado
El DSM-5-TR, publicado en 2022, incorporó el trastorno de duelo prolongado. En adultos se considera cuando han pasado al menos 12 meses desde la muerte (6 meses en niños y adolescentes) y la persona sigue con añoranza intensa o preocupación constante por el fallecido la mayoría de los días, junto con otras señales: sentir que una parte de uno murió, incredulidad marcada, evitar todo lo que recuerda la pérdida, dolor emocional muy intenso, dificultad para retomar relaciones y actividades, sensación de que la vida no tiene sentido o soledad extrema. La CIE-11 de la OMS lo incluye con el código 6B42 y un plazo mínimo de 6 meses, siempre que el duelo supere lo esperable en la cultura y el contexto de la persona.
Un metaanálisis de Lundorff y colaboradores, publicado en 2017, estimó que cerca de 1 de cada 10 adultos que pierden a alguien por causas no violentas está en riesgo de desarrollar duelo prolongado. Después de muertes súbitas o violentas el riesgo es mayor.
Si en algún momento aparecen pensamientos de morir para reunirte con la persona o de hacerte daño, llama a la Línea 113 opción 5 del MINSA, que es gratuita y atiende las 24 horas.
Qué hacer con las etapas si estás en duelo
- Úsalas como vocabulario. Sirven para ponerle nombre a lo que sientes (“esto es rabia”, “esto es el si hubiera”), pero no para medir si vas bien o mal.
- No compares tu duelo con el de otros. Tu hermano puede llorar en el velorio y tú recién tres meses después, y los dos están en duelo.
- Dosifica. Reserva momentos para la pérdida, como revisar fotos o escribirle una carta, y momentos para la vida diaria. Las dos cosas son parte del proceso.
- Prepara las fechas difíciles. El cumpleaños, el aniversario, el Día de la Madre o la primera Navidad suelen golpear fuerte. Decide antes con quién vas a estar y qué quieres hacer.
- Cuida lo básico. Comer, dormir y moverte, aunque sea poco.
Busca ayuda profesional si pasados varios meses el dolor sigue igual de intenso, si no puedes retomar tu trabajo o tus relaciones, si la culpa no te deja, si estás usando alcohol para dormir o si evitas por completo todo lo que te recuerda a la persona. La terapia para el duelo con enfoque cognitivo conductual tiene buena evidencia en duelo prolongado. Si estás acompañando a alguien, te puede servir nuestra guía sobre cómo acompañar un duelo, y para el proceso completo tras una muerte, el artículo sobre el duelo por la pérdida de un ser querido.
Preguntas frecuentes
¿Cuáles son las 5 etapas del duelo?
Según Elisabeth Kübler-Ross, las cinco etapas son negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Las describió en 1969 a partir de entrevistas con pacientes terminales y luego se aplicaron al duelo. Hoy se entienden como emociones frecuentes que pueden aparecer en cualquier orden.
¿Cuánto dura cada etapa del duelo?
Ninguna etapa tiene una duración fija, porque las emociones del duelo se mezclan y van y vienen. En el estudio de Maciejewski de 2007, la mayoría de reacciones dolorosas alcanzaron su punto más alto en los primeros seis meses y luego empezaron a bajar. Cada persona tiene su ritmo, y que un aniversario reavive el dolor años después es normal.
¿Es normal saltarse etapas del duelo o volver a una anterior?
Sí. Muchas personas nunca sienten ira o negociación, y es frecuente volver a la incredulidad o a la tristeza intensa en fechas especiales. La investigación muestra que las emociones del duelo conviven desde el inicio, así que no hay un orden correcto que cumplir.
¿Las etapas del duelo aplican a una ruptura o a un despido?
El modelo se usa también para otras pérdidas, como una ruptura amorosa, un despido o un diagnóstico, y puede servir para ponerle nombre a lo que sientes. Cada tipo de pérdida tiene sus particularidades. Para las rupturas de pareja tenemos un artículo específico sobre las etapas del duelo amoroso.
¿Cuándo un duelo necesita terapia?
Conviene consultar si después de varios meses el dolor sigue igual de intenso, si no puedes retomar tus actividades o relaciones, si la culpa o la evitación dominan tu día o si aparecen pensamientos de morir. El trastorno de duelo prolongado se considera a partir de los 12 meses en adultos según el DSM-5-TR, pero no necesitas esperar ese plazo para pedir ayuda.
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- Duelo: cómo procesar la pérdida de un ser querido
- Cómo acompañar un duelo: guía práctica desde la psicología
- Cómo superar una ruptura: guía psicológica paso a paso
- Regulación emocional
Fuentes
- Kübler-Ross, E. (1969). On Death and Dying. Macmillan.
- Maciejewski, P. K., Zhang, B., Block, S. D. y Prigerson, H. G. (2007). “An empirical examination of the stage theory of grief”. JAMA, 297(7), 716-723.
- Stroebe, M. y Schut, H. (1999). “The dual process model of coping with bereavement: rationale and description”. Death Studies, 23(3), 197-224.
- American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, Fifth Edition, Text Revision (DSM-5-TR). Trastorno de duelo prolongado.
- Lundorff, M., Holmgren, H., Zachariae, R., Farver-Vestergaard, I. y O’Connor, M. (2017). “Prevalence of prolonged grief disorder in adult bereavement: A systematic review and meta-analysis”. Journal of Affective Disorders, 212, 138-149.
Aviso: este artículo es informativo y no reemplaza una evaluación profesional. Si el dolor por una pérdida te está costando más de lo que puedes sostener, un psicólogo colegiado con experiencia en duelo puede acompañarte.
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