El estrés académico es la tensión que aparece cuando un estudiante siente que las exigencias de la universidad superan el tiempo y los recursos que tiene para cumplirlas. Se nota en el cuerpo, en el ánimo y en la conducta, sobre todo en semanas de parciales y finales. Cuando se vuelve permanente puede terminar en burnout académico, un agotamiento que quita las ganas de estudiar y la sensación de que el esfuerzo sirve.
Un poco de presión antes de un examen ayuda a concentrarse. El problema empieza cuando esa presión ya no baja entre un ciclo y otro, cuando dormir cinco horas se vuelve la norma y cuando cada entrega se vive como una amenaza.
Qué es el estrés académico y por qué aparece
El psicólogo mexicano Arturo Barraza propuso en 2006 un modelo que hoy se usa mucho en investigaciones latinoamericanas. Lo describe en tres partes: los estresores (lo que la universidad te pide), los síntomas que aparecen cuando sientes que no llegas y las estrategias de afrontamiento que usas para recuperar el equilibrio.
La pieza que más pesa es la evaluación que haces de esas exigencias. Lazarus y Folkman lo explicaron en los años ochenta: el estrés surge cuando juzgas que una demanda es amenazante y que tus recursos no alcanzan. Por eso dos compañeros con la misma carga de cursos pueden vivir el ciclo de manera muy distinta. Uno ve el final de Estadística como un examen difícil y otro como la prueba de que no sirve para la carrera.
Esa evaluación se puede trabajar en terapia, y es una de las razones por las que la terapia cognitivo conductual funciona bien con estudiantes.
Lo que hace particular a la universidad en el Perú
En la consulta aparecen situaciones que se repiten ciclo tras ciclo:
- Parciales y finales concentrados. Cinco o seis cursos que evalúan en la misma semana, con trabajos grupales que vencen justo antes.
- Trabajar y estudiar a la vez. Turnos que terminan a las seis de la tarde y clases que empiezan a las siete, con el tráfico de Lima de por medio. El tiempo para leer sale de las horas de sueño.
- Jalar un curso. Llevarlo de nuevo significa más pensión, más tiempo y, en algunas carreras, retrasar el egreso. El miedo a desaprobar pesa más que el curso mismo.
- Expectativas familiares. Ser el primero de la familia en ir a la universidad, o sentir que la familia hace un sacrificio económico por tu carrera, convierte cada nota en algo que se debe.
- Prácticas preprofesionales. El último año suma horario de práctica, tesis y cursos, a veces sin pago o con pago simbólico.
Señales de estrés académico
La forma más útil de reconocerlo es mirar tres planos, que coinciden con las subescalas del inventario SISCO de Barraza:
Cuerpo. Dolor de cabeza o de espalda, problemas para dormir o somnolencia de día, cambios en el apetito, gastritis en semana de exámenes, tensión en la mandíbula.
Mente y emociones. Inquietud, dificultad para concentrarte aunque estés horas frente al libro, irritabilidad, tristeza, sensación de que todo depende de una nota.
Conducta. Postergar hasta la madrugada anterior, aislarte de amigos, aumentar el café o las bebidas energizantes, faltar a clases por cansancio, discutir más en casa.
Si te reconoces en varias de estas señales durante semanas seguidas, incluso fuera de la época de finales, vale la pena darle atención.
¿Estrés académico o burnout académico?
El burnout académico es lo que pasa cuando el estrés se prolonga sin recuperación. Wilmar Schaufeli y su equipo lo estudiaron en universitarios de España, Portugal y Países Bajos en 2002, adaptando el modelo del burnout laboral. Describieron tres componentes:
- Agotamiento. Te levantas cansado y la universidad te drena antes de empezar.
- Cinismo o distanciamiento. Pierdes interés por la carrera, dudas de que sirva para algo, vas en piloto automático.
- Sensación de ineficacia. Sientes que por más que estudies no rindes.
En ese mismo estudio, la sensación de eficacia y la energía hacia los estudios se relacionaron con aprobar más exámenes en los tres países.
Una diferencia práctica: el estrés todavía tiene urgencia (quieres llegar), mientras que el burnout se siente como apatía (ya no te importa llegar). Si el ánimo bajo dura más de dos semanas y aparece también fuera de la universidad, conviene descartar una depresión. Lo explicamos en síntomas de depresión.
Qué puedes hacer tú desde esta semana
Estas medidas tienen base en TCC y no requieren comprar nada:
Planifica por bloques de tiempo. Una lista de doce pendientes paraliza. Asigna cada tarea a un bloque de 50 minutos en un día concreto y protege esos bloques como si fueran clases.
Duerme antes del examen. Desvelarte la noche anterior empeora la memoria y la concentración del día siguiente. Si tienes que elegir entre repasar un tema más o dormir siete horas, duerme.
Vigila la cafeína. El café y las bebidas energizantes suben la activación física, y esa activación se parece mucho a la ansiedad. Después de las cuatro de la tarde, mejor evitarlas.
Revisa el pensamiento todo o nada. Frases como “si jalo este curso, mi carrera se acabó” son predicciones, y en terapia aprendemos a ponerlas a prueba con datos: ¿cuántas personas conoces que llevaron un curso dos veces y terminaron la carrera?
Usa lo que ofrece tu universidad. Casi todas tienen tutoría, bienestar universitario o servicio psicopedagógico. También se puede conversar con el docente cuando hay un problema real de salud o de trabajo.
Si trabajas y estudias, negocia en serio. Habla con tu jefe sobre la semana de finales con anticipación y considera llevar menos créditos un ciclo. Terminar un ciclo después es preferible a terminar la carrera quemado.
En cómo manejar el estrés explicamos más técnicas para el día a día.
Cuándo pedir ayuda profesional
Busca a un psicólogo si notas alguna de estas señales:
- Llevas más de un mes durmiendo mal o con malestar físico que tu médico no explica.
- Tienes episodios de miedo intenso con palpitaciones o falta de aire antes o durante los exámenes.
- Dejaste de ir a clases o estás pensando en abandonar la carrera sin haberlo decidido con calma.
- Usas alcohol, pastillas para dormir o estimulantes para aguantar el ritmo.
- Te sientes sin salida o piensas que no vale la pena seguir viviendo.
En este último caso, llama a la Línea 113, opción 5, del MINSA, gratuita y disponible las 24 horas. Te explicamos cómo funciona en esta guía de la Línea 113.
La terapia individual con enfoque cognitivo conductual trabaja la forma en que evalúas las exigencias, la organización del tiempo y el descanso. Si la duda de fondo es la carrera misma, la orientación vocacional puede ayudarte a decidir con más información.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el estrés académico?
Es la respuesta de tensión física, emocional y conductual que aparece cuando un estudiante siente que las exigencias de sus estudios superan su tiempo y sus recursos. Es frecuente en semanas de parciales y finales y se vuelve un problema cuando se mantiene durante todo el ciclo.
¿Cuáles son los síntomas del estrés académico?
Los más comunes son dolor de cabeza, problemas de sueño, gastritis, dificultad para concentrarse, irritabilidad, postergación y aislamiento. También es frecuente el aumento de café o bebidas energizantes. Si estas señales duran semanas y aparecen fuera de la época de exámenes, conviene consultar.
¿Qué es el burnout académico?
Es un desgaste que aparece cuando el estrés académico se prolonga sin recuperación. Tiene tres componentes descritos por Schaufeli y su equipo en 2002: agotamiento, distanciamiento o cinismo frente a los estudios y sensación de ineficacia. Se diferencia del estrés porque predomina la apatía sobre la urgencia.
¿Cómo afecta trabajar y estudiar a la salud mental?
Reduce las horas de descanso y deja poco margen para imprevistos, así que cualquier semana cargada se vuelve una crisis. Ayuda planificar los finales con anticipación, negociar horarios en el trabajo y evaluar si conviene llevar menos créditos durante un ciclo.
¿Cuándo debo ir al psicólogo por estrés académico?
Cuando llevas más de un mes con malestar físico o insomnio, cuando tienes crisis de miedo intenso antes de los exámenes, cuando estás pensando en dejar la carrera o cuando usas sustancias para aguantar. Si aparecen pensamientos de no querer vivir, llama a la Línea 113, opción 5, en ese momento.
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Fuentes
- Barraza, A. (2006). Un modelo conceptual para el estudio del estrés académico. Revista Electrónica de Psicología Iztacala, 9(3), 110-129.
- Lazarus, R. S. y Folkman, S. (1984). Stress, Appraisal, and Coping. Nueva York: Springer.
- Schaufeli, W. B., Martínez, I. M., Pinto, A. M., Salanova, M. y Bakker, A. B. (2002). Burnout and engagement in university students: A cross-national study. Journal of Cross-Cultural Psychology, 33(5), 464-481.
Aviso: este artículo es informativo y no reemplaza una evaluación profesional. Si el estrés de la universidad está afectando tu sueño, tu ánimo o tus ganas de seguir estudiando, busca una valoración con un psicólogo colegiado.
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