La ansiedad ante los exámenes es un miedo intenso a ser evaluado que aparece antes o durante una prueba y que puede bloquear a un escolar aunque haya estudiado. En niños de primaria y adolescentes de secundaria se nota en el cuerpo (dolor de barriga, náuseas, insomnio la noche anterior) y en la cabeza (“me voy a jalar”). Un poco de nervios es esperable, y preocupa cuando el chico se queda en blanco, evita ir al colegio o el malestar se extiende más allá de las fechas de evaluación.
Qué es la ansiedad ante los exámenes
En 1967 los psicólogos Liebert y Morris propusieron una distinción que se sigue usando. La ansiedad ante los exámenes tiene dos componentes:
- La preocupación. Pensamientos sobre fallar, sobre lo que dirán los papás o el profesor, comparaciones con los compañeros.
- La emocionalidad. La activación del cuerpo: corazón acelerado, manos sudorosas, tensión, ganas de ir al baño.
De los dos, la preocupación es la que más interfiere con el rendimiento. El motivo es práctico: esos pensamientos ocupan la memoria de trabajo, el espacio mental que el niño necesita para leer el enunciado, recordar la fórmula y resolver. Por eso hay chicos que saben el tema en la casa y en el examen sienten que se les borró todo.
No figura como diagnóstico propio en el DSM-5-TR. Puede ser un problema acotado a las evaluaciones o formar parte de un cuadro más amplio, como la ansiedad generalizada o la ansiedad social, y esa diferencia importa para decidir cómo se trabaja.
¿Qué tan frecuente es?
Más de lo que muchos padres creen. En la evaluación PISA de 2015, que encuestó a estudiantes de 15 años, en promedio en los países de la OCDE el 59 % dijo que a menudo le preocupa que un examen sea difícil y el 55 % que se siente muy ansioso antes de una prueba incluso cuando se preparó bien. La diferencia por sexo fue clara: 64 % de las chicas frente a 47 % de los chicos en esa última pregunta.
Tampoco es solo cosa de adolescentes. Una revisión de Robson y colaboradores publicada en 2023, con 76 estudios y más de 53.000 niños de 5 a 12 años, confirmó que la ansiedad ante los exámenes ya está presente en primaria y que se asocia con un menor rendimiento académico.
Cómo se ve según la edad
En primaria la ansiedad sale sobre todo por el cuerpo y por la conducta. Dolor de barriga el lunes de evaluaciones, llanto la noche anterior, “no quiero ir al colegio”, preguntas repetidas (“¿y si me sale mal?”), borrar una y otra vez la tarea porque la letra no quedó perfecta. Los más pequeños no siempre saben ponerle nombre a lo que sienten y lo traducen en quejas físicas.
En secundaria se suman pensamientos más elaborados y, muchas veces, más catastróficos. “Si me jalo en Matemática no voy a entrar a la universidad” es una cadena que un chico de 14 años puede armar en segundos. Aparecen el insomnio, la irritabilidad en época de exámenes bimestrales, estudiar hasta la madrugada o, al revés, postergar el estudio porque abrir el cuaderno da miedo. En cuarto y quinto de secundaria la presión de los simulacros y del ingreso a la universidad suele subir el volumen.
Si tu hijo ya está en la universidad, el cuadro cambia y lo tratamos aparte en estrés académico.
Qué la mantiene
Desde la terapia cognitivo conductual (TCC) la ansiedad ante los exámenes se entiende como un círculo. El niño anticipa una catástrofe (“voy a fallar y mi mamá se va a decepcionar”), el cuerpo se activa, y para bajar ese malestar hace algo que alivia en el momento: evita estudiar, estudia de forma compulsiva o pide que le aseguren una y otra vez que le irá bien. El alivio dura poco y confirma que la situación era peligrosa, así que la próxima vez la ansiedad vuelve más fuerte.
Hay factores del entorno que alimentan ese círculo sin que nadie lo busque:
- Premios y castigos atados solo a la nota.
- Comparaciones con hermanos, primos o compañeros.
- Conversaciones en casa que giran casi únicamente alrededor de las calificaciones.
- Un adulto que se angustia más que el niño cuando llega la libreta.
Los padres no causan la ansiedad de sus hijos, pero tienen margen real para ayudar a bajarla.
Cómo acompañar desde casa
Antes del examen
- Repartan el estudio en varios días cortos en lugar de una sola noche larga. Amanecerse estudiando empeora la memoria y sube la ansiedad.
- Practiquen en condiciones parecidas a la prueba, con tiempo y sin ayuda. Un simulacro en casa funciona como exposición gradual.
- Hablen del esfuerzo y del método antes que del resultado. “¿Qué parte te cuesta más? Empecemos por ahí” abre más que “tienes que sacar 18”.
- Si tu hijo repite la misma pregunta de reaseguro, respóndela una vez con calma y luego ayúdalo a pasar a otra cosa. Responder diez veces calma por un minuto y alimenta la duda.
Cuando aparece la ansiedad
- Valida sin agrandar: “Entiendo que estés nervioso, tiene sentido porque te importa”. Frases como “no pasa nada” o “no seas exagerado” suelen hacer que el niño se sienta incomprendido.
- Enséñale a respirar lento. Con los más pequeños funciona pedirles que inflen despacio un globo invisible, y con los adolescentes, contar cuatro al inhalar y seis al exhalar. Tienes más ejercicios en técnicas de respiración para la ansiedad.
- Ayúdalo a revisar el pensamiento catastrófico con preguntas: “¿Qué es lo peor que podría pasar? ¿Y qué harías si pasa? ¿Te ha pasado antes?”.
El día del examen y después
- Que duerma bien, desayune y llegue con tiempo. Repasar en la puerta del colegio suele sumar nervios.
- Al recogerlo, pregunta primero cómo se sintió y después cómo le fue.
- Cuando llegue la nota, revisen juntos los errores como información para la próxima vez, sin sermones.
Y una pregunta incómoda que vale para todos los papás, incluidos los psicólogos con hijos: ¿qué cara pones cuando ves la libreta? Los niños leen esa cara mejor que cualquier discurso.
Cuándo consultar con un psicólogo
Los nervios antes de un examen importante son normales. Conviene pedir una evaluación cuando:
- Se enferma de forma repetida los días de examen o se niega a ir al colegio.
- Tiene síntomas físicos intensos, como vómitos o episodios parecidos a un ataque de pánico.
- Se queda en blanco aunque sabe el tema y sus notas caen por eso.
- La ansiedad aparece también fuera de los exámenes: exposiciones, tareas, deportes, cumpleaños.
- Muestra un perfeccionismo que lo hace sufrir, como llorar por un 17 o rehacer la tarea hasta la medianoche.
- Duerme mal durante semanas, dice que no vale nada o habla de hacerse daño. En ese caso busca ayuda de inmediato. La Línea 113 opción 5 del MINSA atiende gratis las 24 horas.
En la evaluación también se descarta que detrás haya dificultades de aprendizaje o un TDAH sin diagnosticar, porque un niño que lee con esfuerzo tiene motivos reales para temer los exámenes.
La buena noticia es que se trata. La revisión clásica de Hembree, que reunió 562 estudios en 1988, ya mostraba que distintas intervenciones reducen la ansiedad ante los exámenes. En consulta trabajamos con TCC adaptada a la edad: psicoeducación para el niño y la familia, entrenamiento en respiración y relajación, trabajo con los pensamientos catastróficos, exposición gradual a situaciones de evaluación y hábitos de estudio. En terapia para niños y adolescentes los padres participan del proceso, porque buena parte del cambio ocurre en casa.
Preguntas frecuentes
¿Es normal que mi hijo se ponga nervioso antes de un examen?
Sí. Un nivel moderado de nervios ayuda a concentrarse y prepararse. Se vuelve un problema cuando el malestar es tan intenso que lo bloquea, le provoca síntomas físicos fuertes, lo lleva a evitar el colegio o se mantiene fuera de las épocas de evaluación.
¿Por qué mi hijo estudia y luego se queda en blanco en el examen?
Porque la preocupación ocupa la memoria de trabajo, el espacio mental que necesita para recordar y resolver. El niño sabe el tema, pero en ese momento los pensamientos sobre fallar le quitan recursos para acceder a lo que aprendió. Practicar en condiciones parecidas al examen y aprender a calmar el cuerpo ayuda a reducir ese bloqueo.
¿Qué no debo decirle a mi hijo antes de un examen?
Evita frases que suben la presión, como “si te jalas te quito el celular”, y también las que minimizan, como “no pasa nada, no seas exagerado”. Funcionan mejor las que validan lo que siente y ponen el foco en el esfuerzo y en el plan de estudio.
¿La ansiedad ante los exámenes se quita con la edad?
En algunos niños baja con el tiempo, y en otros se mantiene o crece en secundaria, cuando aumentan las exigencias. Si ya interfiere con su vida diaria, esperar a que pase sola no es la mejor opción. La TCC tiene buenos resultados en escolares y les da herramientas que usarán toda la vida.
¿Cuándo llevar a mi hijo al psicólogo por ansiedad ante los exámenes?
Cuando evita ir al colegio, tiene síntomas físicos intensos, se bloquea aunque sabe el tema, muestra un perfeccionismo que lo hace sufrir o la ansiedad aparece también en otras situaciones. Si habla de hacerse daño, busca ayuda de inmediato.
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Fuentes
- Liebert, R. M. y Morris, L. W. (1967). “Cognitive and emotional components of test anxiety: a distinction and some initial data”. Psychological Reports, 20(3), 975-978.
- Hembree, R. (1988). “Correlates, causes, effects, and treatment of test anxiety”. Review of Educational Research, 58(1), 47-77.
- OECD. (2017). PISA 2015 Results (Volume III): Students’ Well-Being. OECD Publishing.
- Robson, D. A., Johnstone, S. J., Putwain, D. W. y Howard, S. (2023). “Test anxiety in primary school children: a 20-year systematic review and meta-analysis”. Journal of School Psychology, 98, 39-60.
Aviso: este artículo es informativo y no reemplaza una evaluación profesional. Si la ansiedad de tu hijo afecta su vida escolar o familiar, busca una valoración con un psicólogo colegiado con experiencia en niños y adolescentes.
¿Tu hijo se bloquea en los exámenes? Escríbenos al +51 908 816 613 y te orientamos sobre cómo empezar a trabajarlo con él y con la familia.
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