Un berrinche es una explosión de frustración típica de los niños pequeños: llanto, gritos, tirarse al piso o patear cuando algo no sale como quieren. Entre 1 y 4 años forma parte del desarrollo esperable, porque el niño siente con mucha intensidad y todavía tiene pocas palabras y poco control para manejarlo. Conviene consultar cuando son diarios, muy largos, incluyen autolesiones o agresiones, o vienen junto a un retroceso en lo que ya hacía o a un retraso del lenguaje.
La pataleta en la cola del supermercado o en el cumpleaños del primo es una de las escenas que más culpa genera en los papás. Ayuda saber que la gran mayoría de niños pequeños pasa por ahí y que la forma en que respondes sí cambia cuántas veces se repite.
Por qué hacen berrinches los niños pequeños
A los 2 años un niño quiere hacer las cosas solo, tiene opiniones firmes sobre qué vaso usar y qué zapatillas ponerse, y casi no tiene palabras para explicarlo. Las áreas del cerebro que ayudan a frenar un impulso y a esperar siguen en desarrollo durante toda la infancia. La frustración llega rápido y sale por el cuerpo.
Los berrinches se disparan más cuando hay hambre, sueño, cansancio, enfermedad o cambios de rutina. Un niño que se saltó la siesta y llega a las seis de la tarde a un centro comercial lleno tiene casi todo en contra.
Michael Potegal y su equipo analizaron en 2003 los relatos de berrinches de 335 niños de entre 18 y 60 meses. Describieron dos procesos que se superponen: la rabia, que sube muy rápido al inicio y luego baja, y la pena, con llanto y búsqueda de consuelo, que crece hacia el final. Por eso muchos berrinches terminan con el niño pidiendo brazos.
Qué es esperable entre 1 y 4 años
Los datos ayudan a poner las cosas en proporción:
- Frecuencia. En un estudio de Lauren Wakschlag y colegas publicado en 2012 con casi 1,500 niños en edad preescolar, el 83.7% había tenido berrinches alguna vez en el último mes. Solo el 8.6% los tenía todos los días.
- Duración. En el estudio de Potegal, la duración más frecuente fue de medio minuto a un minuto, y el 75% de los berrinches duró cinco minutos o menos. Los minutos que se sienten eternos casi nunca son tantos.
Por edades, lo que vemos en consulta suele verse así:
De 1 a 2 años. Llanto intenso y tirarse al piso cuando se le quita algo o no se le entiende. Morder o empujar a otro niño de vez en cuando puede pasar a esta edad y se corrige con calma.
De 2 a 3 años. La etapa del “no” y del “yo solito”. Muchos papás buscan si es anormal el comportamiento de su hijo de 2 años porque de pronto se opone a todo. Oponerse, tirar cosas cuando se frustra y pasar de la risa al llanto en segundos es esperable.
De 3 a 4 años. Con más lenguaje, el niño empieza a poder decir “estoy molesto” en lugar de patear. Los berrinches suelen bajar en frecuencia, aunque pueden aparecer en momentos de cambio como el inicio del nido o la llegada de un hermano.
Hacia los 5 años la mayoría tiene bastantes menos. Si en esa etapa aparece una oleada de rabietas, lo explicamos en la crisis de los 5 años.
Cómo responder durante un berrinche
Primero la seguridad. Si se está golpeando, está cerca de una escalera o está pegando a alguien, muévelo a un lugar seguro. El resto puede esperar.
Baja tu propia activación. Respira, baja la voz y ponte a su altura. Un adulto que grita le confirma al niño que la situación es una emergencia.
Nombra lo que siente. “Estás muy molesto porque querías seguir en el parque”. Validar la emoción le da palabras que todavía no tiene y no significa darle la razón.
Sostén el límite. “Igual nos vamos a la casa”. Si el berrinche termina con el chocolate que pidió, el niño aprende que gritar funciona y lo va a repetir con más fuerza. Ceder una vez de cada cinco refuerza todavía más, porque le enseña a insistir.
Usa pocas palabras. En plena rabia el niño no procesa explicaciones largas ni negociaciones. Quédate cerca, disponible, sin sermonear.
Reconecta cuando pase. Un abrazo, una frase corta sobre lo que pasó y volver a la actividad. No hace falta castigar después ni pedirle que pida perdón llorando.
Esta forma de responder se basa en el entrenamiento conductual para padres, una de las intervenciones con más respaldo para problemas de conducta en la primera infancia.
Cómo prevenir los berrinches del día a día
- Anticipa los cambios. “En cinco minutos guardamos los juguetes” funciona mucho mejor que apagar la tele de golpe.
- Da opciones acotadas. “¿Te pones el polo rojo o el azul?” le da sensación de control sin abrir todo el ropero.
- Cuida la siesta y la comida. Evita el mercado o el banco justo antes del almuerzo.
- Celebra la calma. Cuando tolera una espera o pide algo con palabras, díselo: “pediste el agua sin llorar, qué bien”.
- Revisa las pantallas. Usar el celular como único recurso para calmarlo le quita oportunidades de aprender a hacerlo de otra forma.
Si sientes que llegaste a tu límite, no eres el único. Hablamos de eso en agotamiento parental.
Señales de alarma: cuándo consultar
Andy Belden, Nicole Thomson y Joan Luby compararon en 2008 los berrinches de preescolares sanos con los de niños con depresión o problemas de conducta. Identificaron patrones que aparecían mucho más en los niños con dificultades clínicas:
- Duración promedio de más de 25 minutos.
- Mucha frecuencia: entre 10 y 20 días con berrinches en un mes en casa, o más de cinco berrinches al día durante varios días fuera de casa.
- Autolesiones durante el berrinche, como golpearse la cabeza o morderse. Los autores las consideran serias aunque ocurran pocas veces.
- Agresión constante hacia los cuidadores o destrucción violenta de objetos.
- Incapacidad para calmarse solo casi siempre.
Los mismos autores aclaran que los berrinches repentinos por hambre, sueño o enfermedad no deben preocupar. Además de esos patrones, consulta si notas:
- Regresión. Pierde palabras, juegos o habilidades que ya tenía, o vuelve a orinarse después de haber dejado el pañal sin una causa clara.
- Retraso del lenguaje. No dice palabras sueltas cerca de los 16 meses o no junta dos palabras hacia los 2 años. En ese caso la prioridad es la comunicación, y vale la pena una evaluación del desarrollo que incluya descartar autismo. Lo explicamos en autismo en niños.
- Berrinches que no bajan después de los 4 o 5 años, o que aparecen de golpe tras un cambio fuerte en casa.
Una consulta temprana con un psicólogo infantil sirve para descartar o para empezar a trabajar con los padres. En cuándo llevar a tu hijo al psicólogo tienes más orientación, y en Origen atendemos a familias en terapia para niños y adolescentes.
Preguntas frecuentes
¿Es normal que un niño de 2 años haga berrinches?
Sí. Entre 1 y 4 años los berrinches son parte del desarrollo esperable, porque el niño siente frustración intensa y todavía tiene poco lenguaje y poco control para manejarla. Un estudio de 2012 encontró que el 83.7% de los preescolares tenía berrinches alguna vez en el último mes.
¿Cuánto dura un berrinche normal?
La mayoría dura poco. En un estudio de Potegal y colegas de 2003, la duración más frecuente fue de medio minuto a un minuto, y el 75% duró cinco minutos o menos. Berrinches que duran más de 25 minutos en promedio se asociaron con dificultades clínicas en otra investigación.
¿Qué hacer cuando mi hijo hace un berrinche?
Asegura que esté a salvo, baja tu propio tono, nombra lo que siente y mantén el límite sin ceder a lo que pedía. Usa pocas palabras durante la rabia y reconecta con un abrazo cuando pase. Ceder al berrinche hace que se repita con más fuerza.
¿Ignorar los berrinches funciona?
Lo que se deja de atender es la conducta, nunca al niño. Puedes quedarte cerca y disponible sin discutir ni negociar, y dar atención cuando se calma o pide algo con palabras. Si hay riesgo de que se lastime o lastime a alguien, primero intervienes para protegerlo.
¿Cuándo debo preocuparme por los berrinches de mi hijo?
Cuando son diarios o duran más de 25 minutos en promedio, cuando se lastima o agrede a los cuidadores, cuando casi nunca puede calmarse solo, o cuando hay retroceso en habilidades o retraso del lenguaje. En esos casos conviene una evaluación con un psicólogo infantil.
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Fuentes
- Potegal, M., Kosorok, M. R. y Davidson, R. J. (2003). Temper tantrums in young children: 2. Tantrum duration and temporal organization. Journal of Developmental and Behavioral Pediatrics, 24(3), 148-154.
- Wakschlag, L. S. y cols. (2012). Defining the developmental parameters of temper loss in early childhood: implications for developmental psychopathology. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 53(11), 1099-1108.
- Belden, A. C., Thomson, N. R. y Luby, J. L. (2008). Temper tantrums in healthy versus depressed and disruptive preschoolers: defining tantrum behaviors associated with clinical problems. The Journal of Pediatrics, 152(1), 117-122.
Aviso: este artículo es informativo y no reemplaza una evaluación profesional. Si los berrinches de tu hijo te preocupan por su frecuencia, su duración o porque se lastima, busca una valoración con un psicólogo infantil colegiado.
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